Mis pensamientos, sueños, fantasías, reflexiones y otras curiosidades, llevados a la red para compartirlas contigo. Bienvenid@!!
Aquella noche decidió ir a dar un paseo, un paseo por aquella playa en la que se habían jurado amor eterno. Esa noche estaba sola allí y comenzó a andar, al poco tiempo sintió que una suave mano se posaba sobre su hombro y una dulce voz comenzaba a susurrarle.
Se dio la vuelta y allí estaba, se besaron y amaron como nunca lo habían hecho, de la unión del calor de sus cuerpos y del calor con que la arena les acogía se desprendía un halo de tenue luz que asemejaba el alba, era la luz del renacer de un viejo amor cuyo fuego nunca se había extinguido a pesar de la distancia.
Las dunas formadas por la arena les servían de escudo hacia las miradas de aquellos que no sentían el verdadero amor. Por la mañana ella despertó temiendo que todo hubiera sido un sueño, no se atrevía a abrir los ojos para no descubrir la verdad, sentía el sol en la cara, eso era buena señal, también sentía la arena entre sus manos, al final tuvo el valor suficiente para abrir los ojos y descubrir que lo que tanto temía no era cierto, allí estaba su gran amor.
Pero, tras ese sueño hecho realidad llegaba el más duro de los golpes para los dos, ella debía volver a su casa con su marido, un hombre al que no amaba, mientras él estaría esperándola ansioso hasta la llegada de la noche, cuando se volverían a ver y volverían a amarse al abrigo de las dunas. Llegó la noche y ella apareció, él la noto nerviosa pero no le dio importancia, el también lo estaba, a pesar de que ya no eran unos chiquillos en su primer amor.
Volvieron a amarse con la misma intensidad que la noche anterior, pero esta vez ella no se quedó toda la noche, para evitar así las sospechas del celoso de su marido. Estuvieron repitiendo esto durante varias semanas, hasta que una noche ella no apareció. Aunque ella le había dicho que por precaución nunca llamase a su móvil, él lo hizo, un hombre le cogió el teléfono y él, de inmediato, colgó.
Volvió a llamar pasados unos minutos, no podía soportar la idea de no saber nada de ella durante una noche. Esta vez fue una mujer la que le cogió el teléfono, no reconoció su voz y preguntó por ella.
Aquella mujer que había cogido el teléfono era policía, le dijo que esa mañana habían encontrado a ella muerta en un campo cerca de su casa, le informo de que el autor del crimen había sido el marido, el cual había confesado el crimen al no soportar la presión del interrogatorio. El motivo habían sido los celos, pues la noche anterior había seguido a su esposa hasta la playa donde había amado a otro hombre.
Él no pudo soportar la idea de pasar el resto de su vida sin ella y se murió, pero no fue un suicidio ni un ataque al corazón, murió por amor, por su amor hacia ella, ya que sabía que se encontrarían después de la muerte pues habían hecho un juramento y un juramento no lo puede romper una tercera persona.
Esa misma noche aparecieron dos estrellas en el cielo, una al lado de la otra...