Mis pensamientos, sueños, fantasías, reflexiones y otras curiosidades, llevados a la red para compartirlas contigo. Bienvenid@!!
A veces pensamos que la vida trascurre al mismo tiempo que transcurren las acciones que nosotros desarrollamos en ella, pensamos que camina a la par nuestra, pero no es así, en el mismo segundo en que un estruendo de ola rompe en el cielo, me encuentro en cuarto oscuro y sombrío pensando en que hay momentos en que me agobia respirar, y no es casualidad ni causalidad mucho menos, es que la vida es indiferente a lo que nosotros pensamos, sentimos o “percibimos”.
La vida corre su olimpiada y no le interesa si nos deja atrás o si vamos demasiado apresurados tratando de llegar al final antes que ella. No se preocupa por detenernos o apresurarnos y llevar el mismo ritmo continuo de los días y ser uno solo, sin medida ni distancia. La vida sigue y por ella pasamos (o ella pasa por nosotros), y en esta proeza nos encontramos a otros que intentan descubrir su sabor al tratar de ir a su misma velocidad.
Muchas veces se decepcionan por no encontrarle sabor alguno a este logro y otros tantos se decepcionan de no encontrar el logro que ansía su paladar, en cualquiera de los dos casos el aburrimiento acude a prisa para ponerse en contra de la vida.
Vivimos sujetos a una eterna búsqueda o un eterno escondite porque sabemos que la vida es simplemente ella, muchas veces efímera, muchas veces larga pero siempre imperdonable y conflictiva. Y la relación nunca termina porque siempre se vuelve al eterno círculo vicioso en el que el principio siempre es el final predestinado de la historia o viceversa donde se llega para volver a partir y recomenzar.
Y mientras todo esto ocurre todo lo que acontece a nuestro alrededor lo vemos naturalmente trágico cuando no nos afecta y particularmente siniestro y horroroso cuando nos involucra.
El “amor” esa fuga que se busca cobardemente al sentir que no tenemos suficiente capacidad de poder cargar con el peso solos, ese peso de estar vivos, de respirar y pasearse por las aceras, el peso que se impuso al nacer sin que nadie lo nombrara, es tener que contar con la otra persona eternamente para sobrevivir, es necesidad.
Cruzamos la mayoría del recorrido de esta vida nada más que por el borde en su gran mayoría, sin fijarnos que al ir más hacia el centro (aunque sea más aburrido) es más seguro que aventurarse la mayor parte del tiempo hacia un abismo que nos desea, desea vernos de cerca y examinar las acciones.
Volver al centro, es sin duda, mucho más difícil que aproximarse y no saltar; se siente con mayor fuerza la gravedad que nos sujeta al suelo, a la realidad, abajo , muy debajo de lo que tantas veces aspiramos ser.
La gente vive, pero no entiende, nadie sabe que es eso; busca pero sin saber qué es lo buscado Pertenecemos realmente a un caprichoso destino que juega con nosotros a los buenos y malos, y que moldea el destino y también a las cosas que nos harán sufrir.
La miseria de la vida es la franca dependencia hacia otros, la rosa sin la tierra, perece; depende de ella y lo que pueda brindarle.